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Date Published: 4/4/2003
www.ctheory.net/articles.aspx?id=377
Arthur and Marilouise Kroker, Editors

El Nihilismo de la Guerra


Arthur and Marilouise Kroker

traducción por Carlos Silva


Pantallas verdes
y lenguas desiguales
eslóganes del tickertape de la desinformación
8000 bombas sin cuerpos sangrantes
La historia no morirá en el Tigris ni en el Éufrates

Mesopotamia y el origen de la escritura
Norteamérica y el triunfo de la virtualidad
El círculo de la mitología está completo
El cementerio del imperio norteamericano
en las arenas del desierto
Tiempo y Espacio
La tierra y el Cielo
La memoria y la desaparición
La historia no morirá en el Tigris ni en el Éufrates

Ahora todos somos ciudadanos de Bagdad.

No se trata de un choque fatal entre civilizaciones, sino, ahora, de algo mucho más funesto: un choque global entre el espíritu hegemónico de la máquina de guerra del imperio norteamericano y el espíritu de paz de una humanidad que ofrece resistencia. Como una repetición del ~Guernica~ de Picasso, donde un rechazo valeroso, humano y, más aún, artístico, fue conducido para soportar la visión de los aviones de guerra fascistas que experimentaban con una población civil, la piel de la humanidad ha tomado las calles en protesta -admirable por su imposibilidad política-, contra la invasión ilegal a Irak. Del Oriente Medio a las ciudades de América del Norte, de Indonesia a Latinoamérica, de Europa a San Francisco, una humanidad emergente se inserta en la pantalla de la historia, hablando siempre en nombre del derecho internacional, protestando en nombre de los derechos humanos universales.

Hoy, para aquellos que se oponen a la guerra, todos somos ciudadanos de Bagdad: todos solidarios con los civiles de Irak que ahora sufren, todos en contra de los crímenes de guerra, todos sujetos experimentales del poder norteamericano, todos esperando ser arrasados por la maquinaria bélica, todos amenazados por el uso de la intimidación y el terror, todos posicionados por los medios de comunicación ora como animadores empotrados en la lógica de la guerra, ora desdibujados como restos éticos de los requisitos del poder.

Contra el armazón de comprensión proporcionado por la propaganda líquida de los medios de comunicación, con sus visiones de la hyper-guerra manejadas tecnológicamente, con sus proclamaciones nihilistas de la batalla inminente por el premio de Bagdad", los seres humanos que ofrecen resistencia hablan, en términos éticamente más duraderos, de crímenes contra la humanidad. Razón por la cual la lógica hegemónica de la guerra lucha tan cínicamente para controlar el marco, para permanecer 'en-el-mensaje', para objetar cualquier perturbación moral de los códigos de guerra del CENTCOM, para duplicar la destrucción física de Irak con la pacificación moral de los ciudadanos del globo.

Así las cosas, lo que tenemos es una retórica cínica: "libertadores en lugar de invasores ; desmantelamiento de las armas de destrucción masiva en lugar de petróleo ; triunfo en lugar de terror. La invisibilidad total de una guerra unilateral con, por ejemplo, la ciudad de Basra, con al menos un millón de ciudadanos, siendo marcada como blanco militar. La máquina de guerra cuenta con la fatiga ética del público de la televisión. Depende de su habilidad de llevar a cabo una guerra secreta de violación a los derechos humanos en medio de una aldea global aparentemente transparente. Esas imágenes encapuchadas, humillantes, de los prisioneros en Guantánamo, son quizás imágenes representativas de lo que esperan aquellos que se oponen a la nueva hegemonía norteamericana. Estamos hablando, ahora, de una vertiente moral crítica que ha sido transgredida por los Estados Unidos y Bretaña. Estamos hablando del desprecio que el poder y la milicia muestran por los límites del derecho internacional.

Hay algo más preocupante. Consideremos esta imágen: Una iraquí POW encapotada acuna a su niño detrás de una cerca alambrada. Un soldado norteamericano declara: "No pensamos que querían ser separados." O el resumen matinal del CENTCOM que, al ser cuestionado por la matanza de diez mujeres y niños Iraquíes en un punto de control militar, contestó que el ejército no acepta responsabilidad moral alguna. He allí la conveniencia ética de la máquina de guerra.

Pudiera ser que estemos presenciando el desenmascaramiento del espíritu sostenido de la conciencia del imperio: una habilidad del gobierno norteamericano no sólo de ser éticamente indiferente hacia el sufrimiento de los otros, sino de comercializar ese sufrimiento en una matriz de imagen de agit-prop que es el himno visual del poder El 'último hombre' de Nietzsche como la materia moral justa para la invasión de Irak. Y si esto es así, no estamos obligados a no concluir que los Estados Unidos, en cuanto punta de lanza del liberalismo tecnológico, constituyen en sí mismos el avatar del nihilismo: una sociedad impulsada por el espíritu del exterminio, toda ella cómodamente camuflada por los eslóganes propagandísticos de "libertad" y "democracia." Como la retórica sostenida de los reflectores del hyper-colonialismo a través de las pantallas de los medios de comunicación, finalmente sabemos algo de lo que significa vivir en un la cultura cínica que crece infligiendo crueldades a los cuerpos victimizados de los chivos expiatorios extranjeros.

Tenemos también 'la cuestión de la tecnología.' Heidegger murió convencido de que la cuestión de la tecnología era coetánea del ascenso de la voluntad de nihilización. Sus meditaciones sobre la tecnología realmente le dieron un rostro a los movimientos dominantes de la tecnocultura contemporánea en el idioma político de "mantener la reserva", "la cosecha", "la objetivación", "la cultura del aburrimiento". Todavía, incluso, Heidegger obvió la visión de Nietzsche acerca de la cultura del nihilismo que se expresa amargamente en la invasión de Irak. Especialmente cuando puede haber tal pornografía de imágenes violentas en los medios de comunicación, tal obscenidad clínica de las escenas nocturnas de los misiles impactando en Bagdad, interrumpidas por el reportaje lacónico de un comentarista suburbano, tal énfasis en el hyper-lenguaje de los juegos de guerra que excluye a las víctimas desaparecidas porque, al fin y al cabo, estamos ante la presencia carismática de las tecnologías de la muerte. Cuando la tecnología se enviste con el espíritu de la guerra, entonces es sólo en las escenas de ciudades devastadas y de ardientes explosiones y de niños bombardeados en racimos, que se encuentra el olor del placer de la crueldad. Entonces tenemos la invasión angloamericana a Irak, como también el triunfo de la tecno-cabeza de la muerte: una armadura de tecnologías bélicas invertidas con tal exceso de odio étnico y animosidad religiosa y el interés egológico del capitalismo y el jingoísmo político y la neutralidad técnica de los términos que se ha convertido en la punta de lanza histórica de la voluntad nihilista. La pornografía de la guerra es comida psíquica muy nutritiva para la cultura del aburrimiento.

Una nueva era de oscuridad comenzará con la caída de Bagdad.

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Carlos Silva is a social psychologist and a lecturer and researcher in the Political Psychology Unit of the Institute of Psychology, Central University of Venezuela.

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